Juan Paredes Castro: El presidente Castillo se miente a sí mismo y le miente al país

Analista político sostiene que Castillo está aún a tiempo de evitar hacer más daño al país del que ya ha hecho de manera torpe e irreversible.

El rol de un presidente de la República

Su deber como jefe del Ejecutivo es ejercer el poder como gobernante. No es el de ejercer poder como constituyente, mandato exclusivo del Congreso. Como presidente puede promover las reformas constitucionales que quiera para lograr los supuestos estándares de eficiencia de su gobierno. Pero no puede pretender imponer, bajo ultimátum, la redacción de una nueva Constitución a través de una asamblea constituyente que no existe en nuestro ordenamiento jurídico.

Construir sobre la nada

Este impertinente objetivo se ha convertido, metafóricamente, en el sombrero oculto del presidente, que está por debajo del que lleva y trae diariamente. Tiene, así, dos pesos en la cabeza: el afán legítimo de gobernar y el afán ilegítimo de construir, de la nada y sobre la voluntad de más de la mitad de peruanos, una asamblea, cuya sola idea genera un elevado y perturbador factor de inestabilidad política, jurídica y económica.

“No será una asamblea constituyente la que haga realidad el sueño presidencial de “no más pobres en un país rico”, sino un gobierno de calidad, eficiente y honesto, que sepa muy bien que para distribuir riqueza hay que crearla y fortalecerla mediante un crecimiento económico abierto y sostenido, sin despilfarros presupuestales, sin corrupción, sin ahuyentar las inversiones, sin controles de precios, sin nombramientos de incompetentes en el aparato público”

El mismo sueño tampoco será posible si Castillo se empeña en gobernar de la mano de Vladimir Cerrón, secretario general de Perú Libre, hoy en día con sentencia judicial suspendida y con otro proceso fiscal abierto por lavado de activos. (…) Si esto ya entraña una complicación grave, hay otra que puede deshacer por completo al Gabinete Ministerial antes de que este pueda solicitar el voto de confianza del Congreso. Se trata de las denuncias e investigaciones contra el primer ministro Guido Bellido por la supuesta recepción de dinero ilícito para su campaña al Congreso del 2020, y contra el canciller Héctor Béjar, comprometido con los saldos criminales y sangrientos de las guerrillas de los años 60.

“Sería una pena que un hombre que ha llegado desde abajo a la Presidencia, como ningún otro en el Perú, tire por la borda un mandato de Gobierno con el que puede pasar como el mejor de la historia, a cambio de ser prisionero de una ideología comunista decadente y destructiva”.

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